Balneario El Cóndor

A 30 kilómetros del centro de Viedma nacen las playas de la ciudad, donde el rio negro, negro como su nombre lo indica, desemboca en el oceano atlántico y ambos se transforman en una sola cosa: agua eterna.

Las playas de Viedma son un desierto de arena que termina en el mar. Son metros y metros de materia brillante y volátil sin fin. Tiene acantilados, claro. Son endebles, de arena sólida, con huecos, que parecen ventanas. Los loros, que allí viven, construyeron sus nidos frente al mar.

Siempre tenemos la costumbre de comparar los lugares que conocemos por primera vez, con los lugares ya conocidos. Inclusos nos muñimos de éstas comparaciones para describir ese lugar visitado a nuestros conocidos.
¿Qué necesidad esa la de comparar lo nuevo con lo ya visto?
¿Qué costumbre nos mueve a contrastar ese presente con el pasado?

Visto que evitar las comparaciones se vuelve una tarea imposible, ¿si esa comparación fuese con algún lugar desconocido?
Entonces las playas de Viedma se parecen a los desiertos de sal de Saturno, con algo del mar muerto de Júpiter y las rocas huecas y verdes de Urano.

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