Egipto

Cuando el caos toma forma, se trans-forma en lo que conocemos: las ciudades, ortogonales, nacen. Unos hacen algo, otros tantos hacen otro algo, y así se supone que funciona, mas o menos, todo. En Egipto todos los límites que existen, están corridos. Es una ciudad descentrada. Desquiciada.

No existen los precios, las reglas, el orden. La ley es la de cada hombre. Las mujeres siempre 1 paso por detrás de ellos, tapadas, acaloradas, rezagadas. Los hombres crean y dibujan las ciudades, negociando todo y a todos. En sus tiempos libres fuman shisha en compañía de algún camarada o juegan al dominó. Crean el mundo a su medida, mientras sus mujeres esperan en casa.

Todos están al acecho y disfrutan del negocio, del deber de rebuscarselas para conseguir la mayor ganancia. Los hombres son hábiles comerciando. Las mujeres no se dedican a la venta, es un deporte masculino.

En medio del caos de miles de autos, bocinas constantes, rezos por autoparlante y demás sonidos, no parecen ponerse nerviosos. Son de ruido, están hechos de la misma materia.

Las papas fritas sirven de almuerzo, los kebab de cena. La basura de almohada y el ruido de música.

Gente amable, ventajera, graciosa, apacible, negociante, aniñada, desagradable, desprolija, sucia, calma, creyente.

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